La política: Un rejunte de diezmados con delirios de grandeza
Por Nicolás Hourcle *
Lo que hoy llamamos "clase política" ha dejado de ser un cuerpo colegiado de servidores públicos para transformarse en un gremio de sobrevivientes. No son líderes forjados en grandes gestas, sino restos de naufragios de gestiones anteriores, personajes que han fallado sistemáticamente y que, en lugar de retirarse con dignidad, se reciclan en una danza de nombres vacíos.
1. El complejo de Emperador en el vacío
Es fascinante, y a la vez aterrador, observar el fenómeno del ego desbordado. Tenemos dirigentes que no pueden gestionar un presupuesto municipal sin déficit, pero que caminan y hablan con la soberbia de un Marco Aurelio o un Napoleón.
La puesta en escena: Se rodean de séquitos, asesores de imagen y protocolos arcaicos para ocultar que, detrás del telón, no hay un proyecto de país, sino una ambición personal.
La desconexión: Mientras el ciudadano promedio lidia con la inflación y la inseguridad, ellos habitan en una "corte" de redes sociales donde solo escuchan el eco de sus propios aplausos.
2. El Presidente: ¿Líder o Títere?
En este escenario, la figura presidencial corre el riesgo de ser una cáscara vacía. Cuando un mandatario prioriza la agenda de las grandes potencias o los mercados internacionales por sobre las necesidades básicas de su propio pueblo, deja de ser un estadista para convertirse en un gerente administrativo de intereses ajenos.
La soberanía hipotecada: Se gobierna por control remoto. Las decisiones importantes no se toman en la casa de gobierno, sino en oficinas a miles de kilómetros de distancia, dejando al presidente como el encargado de "poner la cara" ante el ajuste o la entrega de recursos.
3. El funeral del Sentido Común
La mayor tragedia de la política moderna es la erradicación del sentido común. Se ha reemplazado la lógica elemental por la ideología de laboratorio o el marketing barato.
Se discuten abstracciones filosóficas mientras la infraestructura se cae a pedazos.
Se proponen soluciones complejas a problemas que requieren honestidad básica y trabajo de campo.
La política se ha vuelto un juego de "suma cero" donde destruir al otro es más importante que construir para todos.
Conclusión: El sistema actual no está roto por accidente; está diseñado para sostener a esta casta de "emperadores de barro". La falta de sentido común es funcional a quienes prefieren un pueblo confundido antes que una ciudadanía exigente.
*Lic. Ciencias Políticas
Dirigente Esperanza Nacional

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