La Cumbre Trump-Xi Jinping: El duopolio pragmático

 

INTERNACIONALES
 


Por Nicolás Hourcle *

​La reciente reunión en Beijing entre Donald Trump y Xi Jinping bajo el concepto de "Estabilidad Constructiva" no debe leerse como una señal de paz, sino como la cartografía de una tregua fría entre dos titanes que se reconocen mutuamente como iguales.

​Pragmatismo transaccional: Trump, fiel a su enfoque de "America First", prefiere la negociación bilateral y el reparto de áreas de influencia antes que el desgaste de las guerras comerciales absolutas o conflictos militares directos. La institucionalización de mesas de comercio y acuerdos arancelarios demuestra que ambos líderes buscan predictibilidad económica interna mientras se disputan el control tecnológico de la Inteligencia Artificial y los semiconductores.  

​La trampa para la periferia: Mientras Washington y Beijing delimitan sus líneas rojas (con Taiwán como la principal), los países periféricos quedan desprovistos de la capacidad de jugar a la "tercera posición". El Nuevo Orden Mundial no es unipolar ni rígidamente bipolar; es un duopolio asimétrico de gestión de crisis global.

​El repliegue de EE. UU. a Latinoamérica y la Base Naval en Ushuaia

​La noción clásica de que Estados Unidos "abandona" la región es inexacta. Lo que existe es un repliegue táctico de seguridad defensiva. Ante la pérdida de influencia en Eurasia y la brutal penetración comercial de China en América del Sur, la Casa Blanca ha vuelto a mirar a la región exclusivamente bajo la lente de la seguridad nacional y la doctrina de recursos críticos (litio, agua, alimentos).

​El tablero del Atlántico Sur, Malvinas y la Antártida

​La obsesión geopolítica se concentra hoy en el paso bioceánico y la proyección antártica.

​La Base Naval de Ushuaia: La promoción de la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego —buscando el paraguas de financiamiento y validación de Estados Unidos— es presentada por la narrativa oficial argentina como un contrapeso a la influencia asiática y una vía de legitimación sobre el Atlántico Sur.

​La contradicción estratégica: Buscar el aval de Washington para competir contra la infraestructura portuaria británica de Monte Agradable en Malvinas o la logística de Chile es un oxímoron geopolítico. Estados Unidos jamás romperá su alianza carnal (Special Relationship) con el Reino Unido por beneficiar a un socio sudamericano menor y circunstancial. El Atlántico Sur sigue estando bajo control de la OTAN, y cualquier base en la zona servirá, en última instancia, a los objetivos globales de esa organización, no a la soberanía de la Argentina.

​La rediscusión de la Antártida: Ante la cercanía de las fechas clave del Tratado Antártico y la creciente necesidad de hidrocarburos y minerales, el continente blanco está dejando de ser una reserva científica para convertirse en el próximo teatro de operaciones de la disputa global. El Tratado del Pacífico Sur y las proyecciones soberanas están siendo erosionados por la fuerza de los hechos (la instalación de bases científicas con capacidad de uso dual por parte de las potencias).

​ Argentina: Alineamiento incondicional a un orden decadente "a cambio de nada"

​El análisis más crítico recae sobre la actual política exterior argentina. En un mundo multipolar donde las potencias medianas e inteligentes (como India, Brasil o Vietnam) practican la "autonomía heterodoxa" o la "neutralidad activa" para negociar con ambos bandos, la Argentina ha optado por un alineamiento ideológico, dogmático e incondicional con el eje Washington-Tel Aviv.

​Anacronismo geopolítico: Este alineamiento ocurre en el peor momento posible: cuando el propio Estados Unidos oscila hacia el aislacionismo de Trump y cuando la hegemonía occidental muestra grietas morales y materiales irreversibles.

​La entrega "a cambio de nada": Históricamente, los alineamientos automáticos se pagaban con planes de desarrollo, condonaciones de deuda o transferencias tecnológicas (como el Plan Marshall). Hoy, el alineamiento argentino no se traduce en inversiones masivas ni en un respaldo explícito a la soberanía en Malvinas, sino en palmaditas en la espalda, promesas de auxilio financiero en el FMI que solo sirven para estirar la agonía de la deuda, y la hostilidad gratuita de socios comerciales históricos como China o Brasil. Se confunde la simpatía ideológica con el interés nacional.

​Ucrania y Medio Oriente: Los síntomas del desorden mundial

​Para entender la decadencia del orden de posguerra, basta mirar los dos principales teatros de guerra actuales:

​Putin a las puertas de la consolidación en Ucrania

​La contraofensiva ucraniana se desmoronó y el desgaste material e interno en Occidente es evidente. Con un Donald Trump decidido a recortar el financiamiento militar a Kiev y forzar una negociación congelando las posiciones actuales, Vladímir Putin está a punto de lograr una victoria estratégica sustancial: la partición de facto de Ucrania, la anexión de las regiones rusófonas e industriales, y la demostración de que las sanciones occidentales no lograron colapsar a Rusia. Esto envía un mensaje demoledor al Sur Global: el poder de coerción de Occidente ya no es absoluto.

​Netanyahu acorralado y el aislamiento de Israel

​En Medio Oriente, Benjamín Netanyahu sostiene su supervivencia política a través de la perpetuación de la guerra. Sin embargo, su situación es de un aislamiento internacional inédito:

​Frente interno y externo: Presionado por las investigaciones de corrupción, las fracturas dentro de su propio gabinete, los fallos de la Corte Internacional de Justicia y las crecientes condenas globales por la crisis humanitaria en Gaza, Netanyahu depende exclusivamente del veto y el dinero estadounidense.

​Implicancia global: El conflicto en Medio Oriente funciona como una gigantesca aspiradora de recursos políticos y militares para Estados Unidos, debilitando su posición en el Indo-Pacífico y acelerando el acercamiento de bloques alternativos como los BRICS, que capitalizan el descontento del Sur Global frente al "doble estándar" de Occidente en materia de derechos humanos.

​Conclusión: El peligro de ser el "último creyente"

​El "Nuevo Orden Mundial" no es una conspiración secreta; es la fragmentación del poder global en bloques regionales fuertemente armados y económicamente proteccionistas.

​En este contexto, la estrategia argentina resulta altamente riesgosa. Al actuar como el "último creyente" de un consenso de Washington que los propios estadounidenses están abandonando, el país corre el riesgo de quedar desprotegido: perdiendo la confianza de las potencias emergentes que compran sus productos, sin obtener concesiones reales del imperio al que adula, y debilitando su posición relativa en la futura discusión por el Atlántico Sur y la Antártida.


  * Lic. Ciencias Políticas

Dirigente Esperanza Nacional

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