Carta abierta a un compañero de barro, pogo y doctrina



 Por Nicolás Hourclé

​Estimado Indio, querido Compañero:

​Te escribo estas líneas no solo como el admirador que se dejó la garganta en mil misas, sino de igual a igual, de un peronista a otro. Porque para entender tu obra, tu lealtad y tu mística, hay que entender primero de qué madera estamos hechos los que sentimos la causa del pueblo.

​Hoy que el viento empieza a sonar a despedida, es imposible no mirar atrás y ver el tremendo fuego que encendiste. Lograste el éxito más grande al que puede aspirar un artista popular: darle voz a los que nadie escuchaba. Armaste el pogo más grande del mundo no para los palcos oficiales, sino para los pibes de los barrios, para los desposeídos, para los que la historia oficial siempre quiso dejar afuera. Eso no fue solo rocanrol; eso fue un acto de estricta justicia social.

​Llevaste la cultura popular a una escala descomunal, pero jamás te subiste al pedestal de la soberbia. Al igual que el peronismo, tu arte se hamacó siempre entre la fiesta colectiva y el dolor de los de abajo.

​La lealtad en las palabras

​Cómo olvidar cuando te tocó definirnos y lo hiciste con la precisión de un cirujano y el corazón de un militante. Dejaste grabado a fuego aquello de:

​"El peronismo es una sensibilidad. No es un partido político, es un movimiento que tiene que ver con la compasión, con el estar del lado de los desposeídos."

​O cuando, con esa lucidez que te caracteriza, explicabas que ser peronista es, ante todo, una postura ante la vida y el sufrimiento ajeno, recordando que el peronismo es "la única opción que tiene el desposeído para entrar en la mesa donde se decide el destino de la sociedad". Entendiste como pocos que nuestra doctrina no se aprende de memoria en los libros, se vive en el abrazo con el otro.

​Un hasta luego ricotero y peronista

​Las luces del escenario se podrán ir apagando, el "Soldado de Solari" guardará las banderas, pero el eco de tu voz no se va a callar nunca. Nos dejas un país con un cancionero indomable y una lección de coherencia: se puede ser el más grande de todos sin venderle el alma al sistema, cuidando siempre a los tuyos.

​Gracias por los éxitos, por los momentos de felicidad en medio de tanta malaria, por dignificar la cultura de los de abajo y por no haber sacado nunca los pies del plato del pueblo.

​Que descanses, compañero. La marcha y los redonditos de ricota van a seguir sonando en el corazón de la patria.

​Hasta la victoria siempre. ¡Viva Perón y gracias por tanto, Indio!


*Lic. Ciencias Políticas

Dirigente Esperanza Nacional

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