Cyber-entregadores



Por Nicolás Hourcle*

Milei regala la soberanía y los datos de los argentinos a la CIA, el Mossad y el tecnofascismo de Palantir

​Detrás de la farsa discursiva de la "libertad", el oficialismo teje una red de control algorítmico y sumisión geopolítica sin precedentes. La Casa Rosada abre las puertas de par en par a Palantir —el gigante de la vigilancia estatal norteamericana— para espiar el humor social, intervenir de forma espuria la campaña electoral de 2027 y transformar el suelo argentino en el laboratorio experimental de la ultraderecha global.

​Para entender hacia dónde va el proyecto de Javier Milei, no hay que escuchar sus discursos tribuneros contra el Estado, sino mirar el entramado de sus alianzas subterráneas. Detrás del misticismo de "las fuerzas del cielo", la mesa chica libertaria ha decidido subcontratar la inteligencia interna y el control social de la población a corporaciones extranjeras de probada opacidad institucional. Los círculos del poder real ya discuten de forma abierta el trasfondo del desembarco definitivo del multimillonario Peter Thiel en la Argentina, revelado recientemente por The New York Times.

​Thiel, cofundador de PayPal y jefe supremo de Palantir Technologies, no mudó temporalmente a su familia a los barrios más exclusivos de Buenos Aires por simple simpatía ideológica. Vino a desplegar la infraestructura de la corporación de minería de datos más peligrosa del planeta, cuyos principales clientes son el Pentágono, la CIA, el Mossad y diversos ejércitos involucrados en conflictos globales. En una flagrante y vergonzosa contradicción doctrinaria, el gobierno supuestamente antiestatista de Milei se entrega de pies y manos al mayor contratista de vigilancia, espionaje y control estatal del mundo.

​Las cumbres herméticas del magnate con los máximos engranajes del ajuste y la propaganda oficial —Federico Sturzenegger, Luis Caputo y el estratega Santiago Caputo—, coronadas con extensas reuniones con el propio Milei en la Casa Rosada, exponen un pacto de sometimiento tecnológico colonial. El objetivo no tiene nada que ver con la modernización del país, sino con el blindaje ilegal del oficialismo de de cara a las Elecciones 2027. La Casa Rosada planifica utilizar sistemas de Big Data para el perfilamiento psicológico y político de los ciudadanos con una precisión quirúrgica invasiva, destruyendo cualquier atisbo de privacidad bajo la excusa de la "ciberseguridad".

​Esta maniobra consolida una sumisión geopolítica explícita, arrastrada e incondicional hacia los intereses de Washington y Tel Aviv. Milei no solo alinea la diplomacia formal en contra de los intereses históricos de la Nación, sino que entrega la logística interna, los datos biométricos y el comportamiento de la población civil a operadores de inteligencia foráneos. Para la mesa chica libertaria, la soberanía nacional es una molestia del pasado; prefieren resguardar su continuidad en el poder entregándole las llaves de los servidores argentinos a un titán tecnofascista del hemisferio norte.

​El perfil de Thiel corona el delirio paranoico y apocalíptico que guía al oficialismo. Obsesionado con refugios nucleares y teorías conspirativas sobre el fin de la civilización occidental (lo que explica sus desesperadas compras de tierras en Punta del Este), el magnate encuentra en la retórica destructiva de Milei el ecosistema caótico ideal para ensayar sus experimentos de ingeniería social. La manipulación algorítmica del humor social en tiempo real busca erradicar los lazos comunitarios y la intermediación política tradicional para reemplazarla por un panóptico digital regido desde el extranjero.

​La democracia argentina, sistemáticamente esmerilada en sus instituciones, enfrenta ahora una artillería digital corporativa que la reduce a un decorado. La disputa por el poder real ya no se dirime en el debate público ni en los resultados de la gestión económica, sino en servidores privados capaces de formatear las conductas y los miedos de los ciudadanos. Al entregar el control de los algoritmos a Peter Thiel, la CIA y el Mossad, el "León" no ha encontrado aliados estratégicos: ha decidido transformarse en el conserje local de un esquema de espionaje foráneo, tercerizando la mente de los argentinos para garantizar, a cualquier costo institucional, la autocracia libertaria.

*Lic. en Ciencias Políticas

Dirigente Esperanza Nacional


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