UNA CIUDAD MARAVILLOSA hasta que llegaron ellos y se puso tensa

 





​Por Nicolás Hourclé*

​Nueva York, la capital geopolítica y financiera del mundo, fue recientemente el escenario de una comedia dramática de la política argentina. Bajo la fachada de dos modelos pretendidamente antagónicos —el anarcocapitalismo libertario de un lado y el nacional-populismo de estado del otro—, Javier Milei y Axel Kicillof cruzaron el Atlántico para ejecutar, en el fondo, la misma maniobra de fondo: instrumentalizar los foros multilaterales, seducir al gran capital financiero y utilizar la causa de las Islas Malvinas como un activo publicitario de consumo doméstico.

​Detrás de la retórica de trinchera, la estadía de ambos dirigentes en la "Gran Manzana" dejó al descubierto un pragmatismo electoralista donde el bienestar de la sociedad argentina pasa a un segundo plano, supeditado a las exigencias y al aplauso del establishment corporativo.

La diplomacia de vitrina: Nueva York como ring de la interna argentina

​El verdadero objetivo de ambos viajes no fue consolidar acuerdos de Estado de largo plazo, sino alimentar el relato de sus respectivas plataformas electorales rumbo al escenario nacional.

​Javier Milei y el espectáculo de la severidad fiscal: Desde la Asamblea General de la ONU hasta la tribuna del Economic Club de Manhattan, el Presidente buscó la convalidación del mercado internacional. Presentó el ajuste económico, el superávit y la caída del riesgo país como trofeos de guerra. No habló como un Jefe de Estado buscando integración regional o humana, sino como un broker vendiendo a precio de remate las condiciones de rentabilidad que Argentina ofrece al capital especulativo.

​Axel Kicillof y la construcción del "anti-Milei" internacional: El Gobernador bonaerense, por su parte, utilizó sus reuniones con figuras de la centroizquierda global (como Pedro Sánchez o el alcalde Zohran Mamdani) para sobreactuar un rol de líder de la oposición con proyección presidencial. Al declarar ante foros extranjeros que "en Argentina estamos viviendo una catástrofe", Kicillof no buscaba resolver las urgencias inmediatas de la Provincia de Buenos Aires, sino ganar volumen geopolítico, disputar la hegemonía del PJ local y mostrarse ante los mercados como un administrador "predecible" dentro del caos.

​Malvinas y la geopolítica: El patriotismo como utilería de campaña

​La causa soberana y el posicionamiento internacional operaron como meros recursos de marketing para maquillar la falta de respuestas a la crisis estructural del país:

​La tibieza diplomática de Milei: El reclamo por la soberanía de Malvinas ante la ONU y sus posteriores declaraciones sobre tratar "con dignidad y respeto" a los 3.600 isleños carecieron de toda densidad estratégica. Milei buscó cumplir con la cuota de patriotismo normativo requerida para la política local, cuidándose de no incomodar los intereses del Reino Unido ni de los fondos de inversión angloamericanos que escuchaban atentamente sus promesas de desregulación en Manhattan.

​La geometría variable de Kicillof: Mientras denunciaba el alineamiento de Milei con EE.UU., el equipo bonaerense cerraba contratos de infraestructura energética con gigantes chinos como Huawei y negociaba con los mismos fondos de Wall Street que el relato kirchnerista históricamente denostó. La apelación a la multipolaridad y el viaje proyectado a China funcionan más como una marca identitaria de campaña que como una política soberana orientada al desarrollo nacional.

​Subordinación del bienestar social al capital corporativo

​El punto de convergencia más profundo entre Milei y Kicillof radica en a quién le hablan y a quién rinden cuentas cuando pisan suelo norteamericano. Ambos situaron el bienestar de la población por debajo de los requerimientos del capital empresarial.

​El ajuste libertario y la ilusión macroeconómica: Milei celebró ante los inversores un país con riesgo país en baja e inflación en desaceleración. Sin embargo, omitió deliberadamente el costo humano de esa planilla de Excel: el colapso del consumo popular, la pérdida del poder adquisitivo de los jubilados y la destrucción del tejido social. Para el esquema oficial, el bienestar ciudadano es una variable de ajuste secundaria; lo prioritario es la garantía de retorno para el capital financiero.

​La gobernabilidad progresista como garantía de negocios: Kicillof, bajo un discurso de defensa del Estado, acudió a las reuniones con fondos de inversión para garantizarles que la provincia de Buenos Aires sigue siendo un plaza segura para los negocios. Al buscar financiamiento externo para sostener la estructura sin realizar transformaciones de fondo en la eficiencia del gasto social, el modelo bonaerense termina supeditando la agenda de desarrollo a las exigencias de sostenibilidad financiera impuestas por los mismos actores del mercado global.

​Conclusión: Dos discursos, un mismo destino

​La incursión neoyorquina de Milei y Kicillof demuestra que, más allá de la pirotecnia verbal que contrapone al libre mercado con el Estado presente, ambos dirigentes comparten la misma praxis político-electoral.

​Utilizaron la vitrina internacional, la ONU y la causa de Malvinas para disputar la interna doméstica, mientras ofrecían las garantías del país al empresariado y al capital transnacional. En esta puesta en escena, la ciudad maravillosa se puso tensa no por un choque de modelos transformadores, sino por la disputa de dos candidatos que miran hacia 2027 mientras la sociedad real sigue esperando que el capital se traduzca en bienestar.


*Dirigente Esperanza Nacional

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